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jueves, 15 de noviembre de 2007

Tinelli-manía y la Television Basura

El fenómeno televisivo, que ganó adeptos en medio de la crisis financiera de 2001 y se consagró en épocas de kirchnerismo (con una sociedad económicamente un tanto recuperada de aquel huracán rabioso que significó el corralito y la transición), es criticado por los que aun esperan que el dispositivo visual -omnipresente en los
hogares de las grandes metrópolis, en donde se “mide” la audiencia de cada programa- acerque cultura o sabiduría a sus espectadores. Un simple zapping por los principales canales del medio argentino instala la idea de que los contenidos no serán para nada pretensiosos en el futuro próximo, mas bien seguirán la ruta del entretenimiento cuasi hipnótico, bandera agitada por mega conductores que pregonan sus novedades al mismo tiempo que luchan contra el caos generado por el raiting, las pautas publicitarias y las miradas de sus críticos o detractores.
La llamada paleo-televisión intentó mostrar el mundo tal cual era, anhelando profesionalidad y apelando a lo neutro, a la austeridad. Fue esa la primera etapa, de búsquedas y consolidaciones. La TV significaba algo mas serio, pero a la vez se mostraba fría y lejana a ciertos lenguajes o costumbres cotidianas del argentino medio. En cambio en la era de la neo-televisión apareció el concepto de evento, de show, con la consecuente posibilidad al alcance de la mano de modificar los acontecimientos mostrados, o al menos condicionarlos. Las situaciones ocurridas en la TV en esta nueva fase son potenciadas por el canal que juega con la misma camiseta o por cómplices personajes de emisoras de segunda línea que aclaman a las divas de Bailando por un sueño (Canal 13), o se declaran en guerra por el derecho a entrevistar libremente a los expulsados del último Gran Hermano (Telefé). Lo que antes podría haber significado un espanto televisivo o el final en publico de cualquier intento de carrera artística digna, hoy, gracias a la frivolidad reinante tanto en los creadores del género como en sus consumidores finales, la desafinación brutal de Iliana Calabró en un programa de 35 puntos de raiting o el llanto de un participante en el juego del encierro filmado, puede representar importantes ganancias para sus emisoras debido a la atracción comercial que el espectáculo crea.
Todo es mentira.