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sábado, 15 de diciembre de 2007

el Bar de la historia; esquina del infinito

En la esquina de las calles Mitre y Moreno, en la cima de la subida del hospital Zerboni, el almacén mas viejo de Areko muestra su estampa de ladrillos al aire y su fachada de estilo colonial. No es este cualquier otro bar. "Los Principios", instalado allí desde 1922, conforma una especie de museo viviente que guarda intacta las costumbres de la verdadera vida de campo, de la época de las calles de tierra y de los repartos a caballo.
Entrar a este almacén equivale a ingresar a una máquina del tiempo y viajar a los comienzos del siglo pasado: el piso, el mostrador, las enormes estanterías y las paredes son originales; no intentan respetar un estilo antiguo, no incluyen imitaciones de un tiempo pasado. Son reales y permiten hacer una lectura de nuestras raíces. La mística se apodera del cliente o del visitante en el mismo momento en que atraviesa alguna de sus puertas de madera.
En el interior de este viejo almacén, Américo Antonio -beco- Fernández, de 74 años, aguarda silenciosamente en la esquina del mostrador mientras anota con lapicera sus últimas ventas en el libro de caja, similar a los cuadernos utilizados por su padre en el inicio del negocio. Metódico, paciente y respetuoso, Fernández es el responsable de que Los Principios siga siendo un lugar con vida propia, una reliquia en la que se puede comprar una sopa, una palangana o tomar un buen fernet pediátrico. “El sector del bar y el almacén siempre convivieron armoniosamente”, aclara.
¿Cuándo empieza la historia del almacén “Los Principios”?
Este lugar comenzó a funcionar en 1922. Antes estaba en la esquina donde hoy se encuentra la Cooperativa, en Arellano y Mitre. En aquel entonces, mi papa con uno de sus hermanos pusieron un negocio, en 1918, al que llamaron “Los Principios”. Cuatro años mas tarde se mudaron a este lugar, alquilaron la propiedad durante un año y en 1923, dejaron de arrendar y compraron.
¿Cuál era la función del negocio originalmente?
Se vendía de todo, en un almacén de ramos generales, en aquel entonces, se vendía de todo: alpargatas, alambre, soga. Y también se despachaban bebidas alcohólicas.
¿A qué se debe el nombre “Los Principios”?
El nombre hace referencia a los principios morales. Lo tiene desde 1918. Parece que ahora los principios no cotizan mucho en el mercado de valores, han dejado de importar. Pero yo sigo creyendo que los principios ennoblecen los actos de los hombres.
¿Y cómo era la vida en este pueblo cuando comenzó el almacén?
Las calles eran de tierra, había postes para dejar los caballos atados afuera. Desde esta esquina hacías dos cuadras y se terminaba el pueblo. Era todo campo después. En aquel entonces la gente compraba todo en almacenes. Había otros además de este, algunos de ellos mas grandes. Tenían corralón y vendían postes, varillas, alambres, cal, cemento. Eran los grandes “shoping” de aquel entonces, se vendía desde un arado hasta una hojita de afeitar. Existían varios de esos negocios muy importantes, después, poco a poco fueron cerrando todos. Este se mantiene hasta el día de hoy.
Américo parece tener bien en claro que ha sido el único en cumplir la proeza de mantener un viejo almacén hasta los tiempos del celular, la globalización e Internet. “No tiene ningún inconveniente ese progreso contra lugares como este. Van a convivir perfectamente, uno por un lado, y otro por el otro”, anticipa, y luego agrega con seguridad: “son dos cosas diferentes”.
Una foto que yace sobre la estantería del almacén se roba la atención de los clientes que pasan por allí su mirada distraída. En la imagen se lo ve a Segundo Sombra junto a otros parroquiales en el patio del local de Fernández, en una de las tantas tardes que el protagonista del libro de Ricardo Guiraldes pasó en el interior del negocio, tomando unas copas entre otros paisanos. Segundo Sombra era habitué de este lugar.

¿Tiene idea como era este personaje?
Yo no lo conocí, cuando el murió en 1936 yo tenía apenas 3 años. Lo que se, lo se por referencia de mi padre. El venía siempre desde el puesto La Lechuza.
¿Qué le ha contado su padre? ¿Como era Sombra?
Era un hombre simple, común, había muchos mas criollos que el, por el diablo. Para mi, lo que le impactó a Guiraldes fue la estampa del tipo. Dicen los que leyeron el libro y lo conocieron a el personalmente que lo que esta escrito en la historia, la estampa de él, esta exactamente descripta. Lo de las manos como galleta, todo; lo describe exactamente igual. Pero después todo salió de la cabeza de Guiraldes.
¿No era un hombre que resaltaba entre los demás?
Para nada. Hay dos etapas, para que la gente entienda bien: la de la foto -cuando estaba con vida- en que él era Segundo Ramírez, y después está la etapa de Don Segundo Sombra, luego del éxito del libro.
Su almacén es muy visitado por turistas. ¿qué es lo que mas los sorprende?
Se quedan realmente muy impactados con el lugar. Los turistas miran, y a veces no gastan nada. Vienen ingleses, brasileros, españoles, de todas partes del mundo. Lo que mas valoran es la prolijidad del negocio. Desde ya que también valoran el hecho histórico, se quedan sorprendidos con este negocio. Yo siempre les digo que en este estilo es el único que hay, por que es auténtico. Fue siempre igual: en 84 años la única modificación que se hizo fue la colocación de la heladera, después están las mismas estanterías y el mismo mostrador. Es el único negocio que hay en este estilo.
¿Y cuál es el secreto para mantener un negocio durante tantos años?
Hay que tener un poco de amor propio, amor por el lugar. Yo nací acá, en la época en que el medico partero atendía en cada casa. Acá pase mi lactancia, mi infancia, mi adolescencia; acá me casé y ahora acá estoy en la cuenta regresiva (risas). Acá todo, ¿como no lo iba a mantener?
¿Piensa que el almacén seguirá funcionando mucho mas?
No lo se, yo tengo a mi hijo. No se si lo va a continuar, pero por lo menos yo se lo voy a proponer, porque es una lastima que se pierda. Algo así como lo que sucedió con migo y mi padre hace 26 años. La idea es seguir manteniendo el almacén “Los Principios” y a los principios, los morales; eso es lo mas importante.
La charla va llegando a su fin. Las sinceras reflexiones de Fernández se van apagando de a poco. Al pie de la inmensa ventana del almacén que deja observar la empinada subida de la calle Moreno, Américo pronuncia su último comentario, infaltable en personalidades de otro tiempo. “Hay muchas cosas que los jóvenes no saben, nosotros los viejos sabemos mas, pero ya estamos desapareciendo. Pronto no van a saber nada”, dispara.
La puerta lateral se abre luego de quitar la pesada traba de hierro, sostenida por algunos tornillos. Beco saluda desde el umbral y vuelve a ingresar a “Los Principios”. Afuera, otra vez el año 2006.
Nota publicada x KdlQ en
Revista Encuentro /noviembre 2006/

2 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias por hacerme viajar a traves de la nota, pude disfrutar del lugar hace poco tiempo atras, una garantia de placer.
saludos desde Madrid,
JP.

Caballero de la Quema dijo...

Como habitual visitante del almacen me enorgullese que conozcas el lugar -siendo de españa- y que la nota te haya hecho revivir aquel momento.

entra seguido JP !!!

saludoss